Pontificia Universidad Javeriana
Investigación Cualitativa
Michael Clopatofsky Castañeda
Otra semana que
implica un reto más de escribir estas 1200 palabras, que según
nuestro profesor mejoraría nuestra forma de escribir y redactar, tal como
cualquier músculo de nuestro cuerpo que a medida que lo ejercitamos se va desarrollando poco a poco
hasta ser más fuerte de lo que imaginamos, pues hasta el momento solo llevamos
dos ejercicios y siendo muy honesto fueron más complicados de lo que me
esperaba.
Como acostumbro , llegué puntualmente a
clase , esperando que no estuvieran leyendo mi escrito, pues realmente esta
situación me produce bastante ansiedad e intranquilidad al experimentar que no
sean claras las ideas que quiero plasmar y que estén evaluando mi desempeño en
esta actividad tanto mis compañeros como mi profesor.
Claramente cuando uno piensa en todas estas
situaciones permanentemente la vida le demuestra el poder de la mente y la
palabra, y es así como conte con la fortuna que la clase inició con la lectura
de mi escrito.
El profesor delegó a Simón para que leyera
mi ejercicio (me tranquilece un poco al pensar que mi amigo era el encargado de
esta labor), pero desafortunadamente por alguna extraña razón, Simón se trabó
mucho mientras leía y para mí era un poco confuso comprender cual era la razón
que interrumpía con su fluidez. El profesor inmediatamente hizo que Simón
suspendiera la lectura para hacerme caer en cuenta de algunos errores
ortográficos y de redacción como las denominadas calaveras (espacios que
contienen signos de puntuación) e hizo énfasis principalmente en el fondo de mi
blog, pues los colores escogidos dificultaban y hacían mucho más densa la
lectura.
Así me di cuenta que, cuando se empieza a
elaborar el escrito, se tiene la claridad mental y la armonía necesaria para
plasmar en un papel las ideas que se tienen, se vuelve un poco más denso al
hacer la redacción pero se implementan los acordes necesarios para que todo
fluya en un conjunto armónico. Siguiendo con el ejercicio, continuamos leyendo
mi escrito, y en cierto modo haciendo una autoevaluación, dándome cuenta de las
falencias que debo corregir para seguir ejercitando la buena práctica de leer y
escribir.
Cuando finalmente pensé que había acabado
la tortura que implicaba leer mi escrito y después de haber superado la
vergüenza ante mis compañeros, el profesor decidió que yo era el indicado para
leer el siguiente ejercicio. Y en ese momento, todo se complicó muchísimo más.
Por alguna extraña razón, desde que tengo memoria, nunca me ha gustado leer en
público (y ésta es una situación tan común como los gustos de cada persona, algunas le temen a hablar en público,
otros a socializar con la gente) y a mí, simplemente no me gusta leer en público.
Los nervios me dominan, se me cruzan las palabras, el fondo se sobrepone y todo
se vuelve un caos. Afortunada o desafortunadamente, el profesor se dió cuenta
de esta situación pensando que era una cuestión de acercamiento del texto o
problemas del fondo y él en su deseo de colaborar, trató de mejorar las condiciones , corrigiendo
los posibles defectos. Así inicié una segunda sesión de lectura. Pero lo que él
nunca contempló fue el trancón mental que sufro cuando estoy frente a
situaciones similares. Así, al ver que
no progresaba en mi nuevo intento, decidió otorgarle el turno a una compañera y
poder continuar con la fluidez de la clase.
Y en ese momento experimenté una mezcla de emociones entre tranquilidad por
haber terminado y pena por no haber culminado la lectura.
Pero al momento de escuchar los escritos de
mis compañeros, es imposible evitar la comparación frente a la elaboración del
ejercicio personal.
Siguiendo con la clase, el profesor comenzó
a hablar de terminologías como Cacofonía, que es el sonido repetitivo de una
misma palabra o sílaba que hace perder la fluidez del texto. (Espero que el
término traído a colación no haya sido por mi texto). También el docente nos
dió unos tips y herramientas para mejorar la redacción de nuestros ejercicios,
como la forma adecuada de revisar las repeticiones de términos a taves de
Ctrl+F que nos permite hacer el conteo de las palabras o sílabas repetidas.
En ese momento iniciamos la revisión de las
preguntas sobre las lecturas planteadas .Con tanta presión de la elaboración
del escrito de 1.200 palabras, la creación del Blog y el uso de Twitter, de
alguna manera yo había entendido que eran 2 preguntas por todas las lecturas
(claramente no era mi día) así que en un arranque de sensatez, abrí mi computador
portátil, envié las preguntas que tenía, pues era mejor enviar el 50% de algo
que el 100% de nada.
En ese momento el profesor Sebastián,
reunió todas las preguntas, haciendo un banco general para la próxima
actividad, la cual consistía en una especie de concurso en el cual el que
primero respondiera se hacía acreedor a un premio y fué así como se dió inicio
a esta etapa. Se procedió a contestar la primera pregunta para entender un poco
la dinámica del juego. En ese momento el expresó que si tuviera algún tipo de premio,
como dulces, los entregaría al ganador. Y fue asi, como en otro arranque de
lucidez le comenté que era comerciante de dulces, de esta manera por cada
pregunta bien contestada vendí un dulce, lo cual fué muy fructífero para mi
negocio.
Al final , como en la vida todo tiende a
mejorar. La Clase culminó con la elaboración de un mapa conceptual sobre todas
las lecturas, que se va a ir desarrollando clase a clase y según el profesor va
a convertirse en una especie de copia que vamos a poder utilizar el día del
parcial.
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